La importancia en la economía de los terrenos agrícolas

29 jun. 2022
Terrenos agrícolas y economía, la situación actual en España

El pasado año, la agricultura significó en la Unión Europea el 1,3% del PIB de los 27 países. El mayor número de trabajadores y de producción agrícola se dio en Rumania, seguida de Polonia, Irlanda, Grecia y España. Este sector siempre ha sido clave para la economía de cada país, pero, en concreto, tras la crisis sanitaria, su valor y posicionamiento en la sociedad y riqueza ha aumentado considerablemente.

Tal y como indica el Banco Mundial, la producción agrícola a nivel mundial superó los 3.000 billones de dólares en 2020 y supuso el 40% de la riqueza. En España, de hecho, la agricultura, ganadería y pesca facturaron más de 35.000 millones de euros en 2020, la cifra más grande desde que hay registros. En concreto, este sector representó ese mismo año el 3,4% del valor añadido, la cifra más alta desde hace 15 años. Un incremento que, también, se vio reflejado en las cifras de la Seguridad Social, con 7.000 afiliados más que el año anterior (2019).

A pesar de ello, el crecimiento del precio del carburante, la luz y el gas y, por consiguiente, el transporte y todos los productos básicos, pueden poner en peligro uno de los sectores más longevos de nuestro país.

La agricultura y el sistema económico

Además de la base de nuestra alimentación, los terrenos agrícolas y lo que se cultiva en ellos supone un motor para la economía española. No ya sólo por su producción, sino por el tejido empresarial que la rodea. Desde transporte, comercios hasta industria, cada agente implicado en llevar un producto a la mesa de un ciudadano, es responsable e imprescindible en este sector.

Antiguamente, solo tenia un objetivo, el abastecimiento y alimentación de la población. Hoy en día, va mucho más allá, gracias a la revolución industrial. Nuevos productos, mejor rendimiento de la tierra, mayor producción y menores precios. Un sistema industrial y con un crecimiento económico que avanza año tras año, que se sustenta en cuatro pilares:

  • Proveedor alimenticio. Aunque hayan aumentado los rendimientos y los procesos se hayan mecanizado casi al completo, el origen de la agricultura sigue siendo el mismo: alimentar a la población.
  • Empleabilidad. Pese a que se trate de un punto de inflexión, debido a las condiciones desfavorables de la mano de obra en el campo, sigue siendo una cuota de empleo amplia en comunidades como Andalucía, por ejemplo. Gracias a los jóvenes emprendedores y a iniciativas para frenar el éxodo rural, la de tipo tradicional sigue teniendo un hueco en los terrenos españoles.
  • Capital. Ya sea a través de inversores, grandes multinacionales o pequeños agricultores que venden en su municipio, los productos de la huerta suponen un flujo económico a nivel autonómico, nacional e internacional. De hecho, en 2021 España exportó 7,5 billones de toneladas de productos agrícolas, por un valor de casi 200.000 millones de euros.
Imagen de frutas, cultivadas en un campo agrícola explotado económicamente Muchas familias españolas subsisten con los huertos privados alojados en su propiedad

Amenazas para los terrenos agrícolas

El uso de fertilizantes u otros productos químicos o la maquinaria de nueva generación, entre otros, ha supuesto una modernización del sector, pero también un cambio de paradigma. Un crecimiento y expansión que ha transformado los terrenos y sus explotaciones y que ha afectado a:

  • La calidad del empleo en los países desarrollados. A medida que avanza la mecanización desciende la población activa en el sector.
  • El éxodo rural se ve acrecentado con una huida masiva hacia las capitales de provincia.
  • Déficit de materia orgánica en el suelo y cambio de PH, debido al uso de químicos para aumentar la producción.
  • Problemas con nuevas plagas y patógenos.
  • Dificultad de adaptación de cultivos. Debido al cambio climático, algunos frutos que necesitaban una temperatura media de entre 30-35 grados, como las nectarinas o el melocotón, por ejemplo, han mostrado un crecimiento y putrefacción prematura, por el aumento de la temperatura global y efecto invernadero.
  • Crecimiento del estrés de los cultivos.
  • Deforestación y pérdida de la biodiversidad. La mano del hombre es responsable de que cada vez haya menos hectáreas de tierra fértil.
  • Los gases de efecto invernadero, además de producirlos, también les afectan.

Todas estas dificultades y cambios hacen imprescindible la puesta en marcha de políticas públicas y privadas para mejorar el sector, apoyar la agricultura sostenible y el emprendimiento. Así como, para frenar la desertización del país.

Imagen de plantación de verduras, para su posterior comercialización y rentabilidad económica La agricultura sostenible elimina cualquier producto químico para alterar o aumentar la producción, tales como los pesticidas o fertilizantes

Agricultura sostenible, el futuro del sector primario

La revolución verde ha llegado para quedarse, tanto en la economía, como en la sociedad a escala mundial. El consumo actual y el sistema vigente a todos los niveles no es ni sostenible, ni soportable. El cumulo de desechos, los desperdicios alimenticios y la contaminación que produce la agricultura industrial, amenaza el planeta y la salud de sus habitantes.

Tal y como indican datos del Banco Mundial, esta actividad es responsable de más del 20% de los gases invernaderos de todo el mundo. Cifras que aumentarán a medida que lo haga la población, que se estima que a mediados de siglo supere los 9.000 millones de habitantes. ¿La solución? La agricultura sostenible. Para la ONU existen hoy en día 5 retos hacia para hacer realidad esa transformación total o parcial:

  • Minimizar su impacto frente al cambio climático, protegiendo dicha actividad.
  • Controlar las enfermedades y posibles amenazas e infecciones ligadas a los animales que consiguen llegar hasta los humanos.
  • Frenar el envejecimiento y degradación de la calidad de la tierra.
  • Gestionar de forma eficiente los recursos naturales.
  • Reforzar las políticas favorables a la conservación de la biosfera y las especies.

En España, se vislumbra un futuro sostenible. Por suerte, la tendencia es alcista y, año tras año, aumentan los terrenos agrícolas en clave sostenible. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, España ocupa el primer puesto de la Unión Europea en superficie ecológica. En concreto, por delante de Francia e Italia, con más de 2 millones de hectáreas.

Cifras positivas, a pesar del aumento del precio de la hectárea en la península. Según el Ministerio de agricultura, pesca y alimentación, el suelo de invernadero aumento un 7,7%, de uva para mesa un 5,2%, para el cultivo de cítricos un 4,1% y de frutales en secano un 3,1%. A pesar de ello, el precio medio de la tierra para uso agrario disminuyó desde 54€ hasta más 10.000€ el pasado año, según las regiones.

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